viernes, 28 de septiembre de 2012
Sobre el papel de la pornografía y su relación con el arte
al igual que el chiste puede rozar en lo ridículo, la instalación, que para poder existir debe recurrir a juntar en su naturaleza na serie de ocntradicciones -tales como ordenar la basura (algo por naturaleza desordenado)o poner en relieve un dibujo (que es de naturaleza plana -vive en el constante riesgo de caer en la trivialidad y en un absurdo que ya no puede causar gracia sino una ridiculez patética; ¿se puede ser acaso mas inutil que lo de por si inutil?. Cuando hacemos instalación entonces, corremos el mismo riesgo que los pornógrafos, que de tanto afan que tienen en mostrar lo que otros no muestran, caen en la ridiculez, en hacer películas insulsas y aburridas, en quitar la elegancia y el misterio a sucesos de la vida que de por si necesitan ese condimento y, en suma, de saturar al espectador a tal punto que se vuelve innecesaria.
A la hora de transladar -no digamos mis investigaciones, sino los puntos que me han obsesionado toda la vida - al espacio, pienso con cierto miedo, no solo en lo innecesario de tal translado, sino en como lograr lo que ya es posible y he conseguido bien por medio de la téncina de narrar historias visualmente -lease cómics -en una técnica que no narra, que no representa nada, que es ran efímera como volátil y que en lugar de demandar capacidad técnica del artista le demanda convertirse en una especie de improvisado filósofo callejero,, muy a la manera de los profetas bíblicos -particularmente Ezequiel.
Algunos académicos prefieren hacer la diferencia entre el erotismo y la pornografía, aludiendo a las diferencias en sutileza que una y otra manifestación tienen. Hoy no pienso hacer tal diferenciación puesto que asumo que tanto el erotismo como el porno provienen de los mismos deseos y constituyen únicamente formas diferentes de satisfacerlos. De nuevo he de remitirme a Freud, quien en su formulación teórica del psicoanálisis estipulaba que todas las facetas de la vida se reflejan en sus deseos sexuales y sus deseos sexuales reflejan el deseo del incosciente, de ser llenado por el amor de su progenitor de sexo opuesto -para los niños la mamá y para las niñas el padre. Las ansias insaciables de poder, entonces, la coorrupción, el comer como un marrano compulsivo,, todas esas cosas no son mas que expresiones de todas las necesidades afectivas que el niño tuvo frustradas en su infacia y que, en la edad adulta, consiguen carta blanca para surgir en forma de otro tipo de pulsiones.
Habrá quien diga que Freud está rebatido como teórico, sin embargo, el deseo sigue mas vigente que nunca, y cabe preguntarnos se acaso nuestras carreras de adultos están determinadas por el deseo de volver a ese remanso materno.
Llevo poco mas de tres años preguntándome formalmente acerca de mis propios deseos e inhibiciones, acaso como forma de hacer algo util con ellos puesto que, una vez truncada mi carrera como negociador sin siquiera haber empezado, comprobé el miedo incontrolable que me producía la sola idea de convertirme en vendedor y la escasez de medios para constituir una empresa propia, no me quedaba mas materia prima de la que hacer algo útil que mi hitoria personal. me dí cuenta entonces de una debilidad por las prostitutas y un cierto deseo incosciente de ser dominado por una mujer que no podíian explicarse acudiendo a la biografía de mi muy casta y católica familia. Con el deseo de ser dominado por una mujer vnúa el desero irracional e inexplicable por los senos grandes -inexistentes en mi familia, por lo cual, expllicarlo como un deseo de volver al pecho materno, puede no resultar del todo eficaz, explicarlo como carencia de amantamiento tampoco es adecuado puesto que recibí leche materna hasta contar un año de edad -y pensé si acaso no es mas lógico buscar otra explicación
Exisste una teoría llamada Mimética, propuesta por el antropologo francés René Giraud, que puede resumirse en la frase coloquial "pa'donde va vivicente? pa'donde va la gente; y ¿pa'donde va la gente? pa' donde va vicente".
¿son nuestro deseos, entonces, por originales y atrevidos que parezcan, simple consecuencia de los deseos de nuestra sociedad? mucho me inclino a pensar de este modo. Pero entonces ¿donde queda la expresión individual y la autodeterminación del individuo como tal?" Ya en los tiempos de Freud, su rival el medico Carl Jung propuso la teoría del inconsciente colectivo; una mezcla del misticismo reinante en las clases bajas de austria y suiza y una depurada búsqueda de si mismo que partía de la religion sin llegar a desecharla completamente. Para Jung los hombres seríamos como antenas receptoras, y por lo tanto los pensamientos no nos pertenecen, sino que vienen de algún lado en el centro del universo y nosotros los asimilamos y actuamos en consecuencia a ellos. Por eso, decía Jung, era común que los hombre pudiésemos predecir aacontecimientos futuros o que dos personas en lugares completamente diferentes llegara a descubrir idénticos caminos y pensamientos.
Si acaso la verdad está en un punto intermedio de estas dos posturas, mi deseo se vería explicado mas como una reacción personal al discurrir de los tiempos, al pensamiento que circula por mi medio, que como algo aprendido de los padres, o una explosión volcánica del propio ser.
Si acaso entonces nuestra manera de desear se puede entender por los pensamiento que nos circundan, bastaría con buscar las propagandas que vemos y ppegarlas, con juntar apartes de protagonistas de novela, del desafío, de Pablo Escobar, en fin de todos los programas con mayor rating y mostrarlos; habría que buscar los debates del congreso y hacerlos ver, los libros mas vendidos y mostrar sus frases, en fin todo enn lo que la multitud parece creer, lo mas taquillero y lo mas granado, y hacerlo ver
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